A veces resulta difícil saber qué es real y qué no lo es y en el mundo de la comunicación interpersonal esto se ha llevado al limite. Lo único necesario es un cómodo asiento en el que automáticamente nuestro cerebro se conecta a la red y nos permite “estar” con la persona que queramos. La sensación es tan real que resulta prácticamente imposible encontrar diferencias entre ambos lados.
La comunicación entre las personas es realmente fácil: nos sentamos y nos trasladamos al escenario elegido, donde se encuentra la otra persona. ¿Qué mejor forma de terminar una jornada laboral que en una playa paradisiaca en buena compañía?.
Muchas agencias de viajes quebraron y otras se adaptaron creando paquetes turísticos realmente espectaculares a precios increíbles. ¿Quiere un viaje a Egipto, al Egipto de 1912?, bien, sin problema. ¿Lo hará solo o acompañado? Todo muy bonito, si no te importa el pequeño detalle de que nada es real.
Desde la implantación de este tipo de sistemas virtuales de transmisión, se originaron problemas sociológicos de distinto tipos: La gente muchas veces no salía de casa, se perdían por lugares asombrosos y las horas pasaban y pasaban... La historia comenzó a reescribirse debido a que muchas empresas turísticas o compañías con intereses varios ofrecían escenarios para revivir épocas donde gran parte de las cosas estaban adaptadas a sus intereses.
Actualmente escribo esto porque creo que algo no va bien... he pasado los últimos años tratando de que la gente viajara y sintiera de verdad, pero a veces creo que percibo pequeños fallos, pequeñas cosas... no sé si estoy conectado, no sé si vivo en un mundo real... tal vez esté preso del gran tinglado montado gracias a esta tecnología, algo que comenzó siendo un regalo y que, como tantas cosas, su uso se adulteró en pro de otros intereses...
M.k.
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