viernes 19 de agosto de 2011

El tramposo

Las paradas de tren suelen ser esos lugares típicos donde nadie se fija en nadie y allí, entre la multitud, se encontraba él. Recién llegado desde un lugar muy lejano, con ropas similares al resto pero con una mirada y una pose que destacaba sobre los demás.

Frank estaba examinando la zona. En toda su vida nunca había estado en un sitio como aquel y no tenía mucho tiempo para adaptarse, debía hacerlo rápidamente. Sólo disponía de treinta minutos antes de regresar y necesitaba encontrar el libro. Entre toda la gente, una mujer lo llevaba, lo sabia por sus investigaciones. El libro era crucial para su supervivencia y el tiempo jugaba en su contra.

Multitud de gente distinta discurría por la estación, su mirada se fijaba en cada uno ahora que ya había tomado constancia de dónde estaba y se había situado. Gente aparentemente normal abarrotaba la estación: mujeres, niños jugando, una persona mayor mirando impaciente su reloj como si sus minutos fueran lo más importante del mundo… Realmente iba a resultar muy difícil encontrarlo.

Un grupo de jóvenes ruidosos, cargados con grandes maletas y gastándose bromas entre ellos entraron por la puerta principal de la estación... Se recordó a si mismo con sus amigos, no hacía mucho tiempo.

Miro su reloj, la cuenta no paraba: diecinueve minutos. Su cuerpo no aguantaría mucho más allí, tenía que darse prisa.

Recorrió de un lado a otro el hall. Su avanzada vista le ayudaba en la búsqueda, analizando cada posible sujeto y notificándole ante la más mínima perturbación, pero sabía que lo que realmente le iba a ayudar era su instinto.

Catorce minutos. Nada, ni rastro. Una punzada de dolor le atravesó la cabeza y tubo que agarrarse para no caer al suelo procurando no llamar la atención, se le agotaba el tiempo.

Se recuperó a tiempo de percatarse de la presencia cercana de una chica con mirada de gato que sostenía un cuaderno de tapas gruesas y gastadas. Durante unos segundos sus miradas se cruzaron, preguntándose sí podría existir alguna conexión entre ellos y entonces él supo que era ella a quien buscaba. El cuaderno contenía lo que tanto y con tanta urgencia necesitaba.

Se acercó con la mejor sonrisa que pudo mostrar en su cara y, amablemente, le preguntó si le gustaba escribir. Ella le respondió sorprendida que sí, que sus grandes pasiones eran la lectura y la escritura. No tenía dudas, allí estaba el libro.

Él le contó la historia que se aprendió sobre sí mismo y le pidió permiso para ojearlo mientras le enseñaba un libro que él también había escrito y llevaba encima. Riendo y feliz por encontrarse con alguien que compartiera la misma afición, ella le dejó echar una rápida mirada a su cuaderno. La vista de Frank no tardó en registrarlo todo. Ya podía regresar. Se despidió deseándole suerte, con la certeza de que le iría muy bien y se dirigió hacia el baño.

Dos minutos, su nariz comenzó a sangrar... era la hora de volver.

Tenía el libro. La mejor historia del siglo XXI de alguien que se convertiría en la más famosa escritora del planeta tierra. Él, un mal estudiante aunque con una inteligencia que siempre le permitía salir del paso, presionó su comunicador y regresó a su mundo. Llevaba el trabajo con el que conseguiría pasar de curso y evitar así ser desactivado en un mundo donde el fracaso no estaba permitido, y sólo uno de cada mil lograba alcanzar el último y definitivo curso.

Safe Creative #1108189888248Raúl Jimeno Martinez