lunes 1 de marzo de 2010

La nave Deméter

No se cómo ocurrió, ni siquiera sabía quién era yo, pero desperté desnudo en una especie de recipiente metálico en la que sólo entraba de cuclillas. No sentía nada en especial, más bien era una sensación de supervivencia que me indicaba que tenia que salir de allí pero no sabia quién era ni qué estaba haciendo dentro de aquella cápsula, aunque tampoco me resultaba extraño. Mire cada esquina del pequeño lugar donde estaba y lo único que me llamó la atención fue la pared semitransparente izquierda por la que se filtraba la luz, y un panel frontal con pequeños orificios cilíndricos. Al cabo de unos minutos una aguja de tamaño considerable comenzó a salir por uno de los orificios ante mi atónita mirada. No sabía qué era aquello pero mi instinto me decía que era malo. Se fue acercando a mi garganta, no podía cambiar de posición ni protegerme y el pánico se apoderó de mí. La aguja penetró en mi cuello y comenzó a extraer sangre hasta casi llenar un pequeño recipiente acoplado a ella. Sin perder más el tiempo y con la adrenalina al máximo golpeé las paredes sin éxito, hasta que una fuerte explosión se escuchó fuera y el lateral se abrió. Salí corriendo, sangrando por la boca y con mucho miedo, solo anhelaba vivir. Todo estaba a oscuras y se movía..No sabía qué hacer ni a dónde ir, nadie a mi alrededor me impida el paso, y a cada metro que recorría lo único que veía eran grandes puertas metálicas que se abrían y cerraban rítmicamente acompañadas de destellos azules, y aunque resultara sorprendente, era capaz de leer las indicaciones que había en ellas. Aun desnudo y con la herida cerrándose lentamente busqué algo que me indicara que significaba aquello. Avancé por enormes pasillos y llegué a una sala donde se estaba proyectando una imagen. En ella una mujer joven y con voz agradable daba la bienvenida a los viajeros de ...espera, sí, ¿de aquella inmensa nave espacial? No había absolutamente nadie allí, solo pantallas holográficas que mostraban infinidad de datos mientras una luz rojiza comenzaba a inundarlo todo.

Continué caminando por los pasillos, y al final de uno de ellos pude ver una enorme estancia repleta de cubículos semejantes al mío, al lugar donde minutos atrás había despertado. No logré ver ninguno abierto. Seguía sin saber quién era y qué hacia allí. Durante horas explore cada centímetro de aquella inmensa nave hasta llegar a lo que parecía el centro neurálgico de ella. Al entrar multitud de paneles se activaron pasando a mostrar infinidad de datos. Una especie de vídeo de emergencia, resumió en el centro de la sala frente a mí, la finalidad de aquella nave espacial.

"Año dos mil doscientos treinta y dos, nave Deméter…", así comenzaba el relato. Lo estuve viendo durante los cerca de treinta minutos de duración que tenía, era un resumen de nuestra civilización, del propósito de la nave, de cómo se había planificado el viaje hacia el planeta habitable más cercano a la tierra. Éramos colonos con ansias de conquistar nuevas fronteras y fue un golpe muy duro cuando comprendí que llevábamos viajando cerca de sesenta mil años y que mi cuerpo, solo era eso, un cuerpo que se había generado aceleradamente como última esperanza antes de que la nave fuera atrapada por la singularidad. Como el mío, cientos de cuerpos debían de haberse creado a partir del ADN guardado de cada uno de nosotros antes de partir, pero allí únicamente estaba yo. La conciencia y los recuerdos habían sido almacenados de forma separada. Era la única manera de poder resistir un viaje tan largo. Ahora me encontraba en un cuerpo vació y recién creado, lejos, muy lejos de casa con los recuerdos básicos como saber andar en bici, leer y entender la naturaleza de la misión pero sin saber quién era y por qué estaba despierto. En el fondo solo era un recipiente pero tampoco quería morir y la difícil decisión que se me planteaba ahora era si intentar recuperar mis recuerdos y traer de vuelta al resto de la tripulación de aquella agonizante nave o dejarlos morir en paz sin saber que su viaje nunca llegaría a ningún fin. Pero no pude tomar ninguna decisión, la realidad se me impuso cuando los paneles pasaron a indicar que la nave se desintegraría en veinte, diecinueve, dieciocho... segundos.

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